20101106

Charles B. (uno de muchos Charles B.)

En defensa de cierta clase de poesía, cierta clase de vida, cierta clase de criatura llena de sangre que algún día morirá - Charles Bukowski


[...] todos los monos saldréis de vuestros jardines y empezaréis a ser suficiente para que 
considere
                    eso que constituye vuestro
                    rostro y cuerpo y amor
y
                    no me retuerza en mi maldito 
                    catre alquilado
                    durante horas con
                    espasmos y dolor y horror
                    
                    muero y rezo por vosotros y
                    por mí mismo


                    si pudiera desearos a todos
                    pobres cabrones muertos
                    el ápice de vida que me resta
                    os lo hundiría
                    y
                    dormiría para siempre.

20100903

En el momento que todo cambie

Cuando llegamos, o no, más bien cuando decidimos que tendríamos que llegar a este sitio, comenzamos, un poco sin saber, la gran inmersión en el mundo objetivo de las estupideces impuestas, que están claramente configuradas para ser autoaceptadas con la ayuda de los ejemplos vivos que nos rodean.
Poco después, aparecieron las mariposas planeadoras para hacerlo todo más increíble. Y algún día de calor y luz estresantes, pero también encontramos un fresco embalse entre el verdor de nuestra juventud decadente, hecho de lágrimas limpias.
Y más tarde llegaron los agobios, los corazones excitados, las mentes sofocadas y los incendios espirituales. No hubo ni hay todavía lugar para la reflexión o el descanso. No hubo más que alguna letra suelta que se disolvió en la boca y dejó estar las cosas por una noche y un domingo.
Me pidieron que fuera al psiquiatra un día que estuve muy alterado. Una vez surtió efecto aquel conglomerado de letras feas que me dieron y todo en mí volvió a la serenidad, consideraron que era mejor que no fuera a ninguna parte, a ningún lugar donde antes no hubiese estado, que durmiera más, algo sobre relativizar y, quizás, que me metiera en mierda, aunque no recuerdo bien las palabras exactas.
Fuimos poco a poco evitando el peso de los disgustos y las escasas presiones derivadas de las aun más débiles relaciones sociales que teníamos en el nuevo lugar, llevando poco a poco el grueso de lo que podría entenderse como nuestra vida al rincón del fondo de la casa, nuestra habitación rumiante que por entonces siempre acababa por vomitarlo todo hacia fuera, quedando a disposición del hambre de incoherencia que nos afectaba en todo momento.
A continuación, la excitación generalizada fue enfermedad y la enfermedad lo infectó todo. Vimos grandes animales marinos en el sur, tomamos todas las curvas seguros de nuestra resistencia física y cerebral, hasta que visualizamos en el horizonte, entre las nieblas y el cegador sol que se ocultaba, al gran volcán muerto que celebraba la grandeza de aquel momento arrojando sus lavas cálidas e invisibles.
Tomamos notas un par de días después, y las leímos en voz alta para evidenciar nuestra simplicidad como grupo, como habitantes que están deseosos de fenecer en el rellano de La Casa Compartida.
Ahora, todo esta infravalorado, en calma, una tranquilidad troglodita. Cuevas adentro, cada cual aporrea su tambor, hechos de piel seca y objetos de personas muertas.

20100530

El momento del Juicida


Te echo de menos a ti. Echo de menos a mis libros, o un buen montón de libros, libros en una cantidad ingente, como suficiencia y garantía para una estabilidad básica y seguramente algo artificiosa. Dos días nublados durante las horas de luz. Había descubierto hoy mismo que aquí anochece antes, exactamente cuarenta y tres minutos antes que donde tú. Amanecer amanece, pero tres minutos más tarde. Esta siendo un domingo duro, y blandas mis ocupaciones y horaciones de hoy. No se hasta que punto la atmósfera viene alimentada por la soledad, por las nubes de las últimas 36 horas, por la ausencia de frío y de calor, por el silencio exagerado que se ha instaurado por ahí donde el estomago suele hacer ruidos espesos y de burbujas naciendo y reventando. O si es un pico momentual. Tengo muchas sensaciones, subconclusiones y posiciones inestables. Voy, por ejemplo, percibiendo que hay muchos insectos, cada vez más. A menudo no llego a verlos. Es como si al principio se hubiesen mantenido ocultos para atacar más tarde. Pasados unos días, en el momento que el asentamiento humano parezca estable. Si, es lo que ha estado ocurriendo. Ahora parece que es el momento, y van saliendo al espacio común pequeñas moscas y mosquitos [...], y sobretodo, muy poco a poco van dejándose ver pequeñas cucarachas, y aún más pequeños bichos acucarachados que temo sean descendientes directos, o peor aún, otra especie con la que cohabitar, porque aun no tengo una estrategia definida para salir decentemente de un hipotético enfrentamiento por el espacio vital, las concepciones y asunciones sanitarias de cada individuo, o los alimentos de este hogar. Estoy considerando aún ciertos aspectos morales en torno a la convivencia y las relaciones interespecíficas, entre las responsabilidades, la propia defensa, la correspondencia en la negociación, cosas complicadas. De la misma forma, estoy empezando a esbozar los primeros sentimientos juicidas a partir de las observaciones del nuevo lugar que ocupo; los asentamientos, sus habitantes, la apariencia, el espacio geográfico: un juicio cósmico, prismático, pura descomposición de los colores, las formas, formalidades [...] y formulaciones universales, o un acercamiento alóctono a las distancias cerebro-objeto y la objetiva plenitud del

           océano

océano-tierra-océano

           océano.

20100523

Los límite físicos y los no físicos














Comienzo a admitir los límites físicos de esta isla. No podía determinar aún; no es negativo, no es positivo, se decía. Pero solo quieres que me dedique a escribir y no puedo, esto es terrible. Siento más enérgicamente que nunca el deseo de lucir algo, voy a arrancarme la cara, el pellejo, sin, sin, sin dolor ¡por favor!, me digo a mi mismo. ¡¡Ohh!! ¿es  este un deseo terrible? ¿estaba entera la botella de Johnnie? un deseo horrible, no es digno, ¿no me parece algo siquiera digno?, ¡oooh! es algo terrible esto que me ocurre. Y mira, tienes que dejarlo aquí, histérico, ¡terrible horrible!
Ahora puedes seguir con Google Earth todos los movimientos, los personajes por las calles, los muelles o el espigón donde transcurre esa novela, tu favorita. Estas son las posibilidades que ofrece el mundo, desde la óptica del hoy. Mañana, queda muy muy lejos.

20100201

Hyperbolicus chinese




Debajo de mi tengo una alfombra de esparto a cuadros, beiges y verdes. Son casi exactamente cuadros.
Más abajo, debajo de mi, viven varios chinos. No los clásicos chinos, no se como explicarlo pero [...] un vecino dice que no son los clásicos chinos, dice que son mejores-. Yo no he conseguido dar con la clase.
Debajo de mi no se oye nada durante el día. Las obras de una nueva ciudad frente al edificio no lo permite.
En las noches, se oyen a veces gritos a veces risas, todo a la vez también, ocurrió una noche. Y siempre se oyen sonidos sospechosos. No quiero conspirar.
Los chinos son amables, pueden serlo aun casi no siéndolo, son muy ligeros. Temen a los perros, a grandes y a pequeños.
Los chinos conspiran. Hiperbólicus chinese, gritando y riendo. Quien sabe.

Son buenos los chinos. Menos de noche.